REFLEXIÓN EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

Historia de Ricardo Arbouin fundador de Misty Cream

 

Hace cinco años fue cuando decidí dejar las comodidades de un empleo corporativo para comenzar el duro e incierto camino del empresario. Trabajaba en una multinacional de servicios petroleros y vivía a todo taco (o a toda leche como se dice en el campo), tranquilo y sin preocupaciones. Pero una de esas mañanas en las que llevaba una rutina empolvada en una oficina maravillosa, con grandes profesionales, muy inteligentes y técnicos, en una industria apasionante, pero me di cuenta que llevaba una vida adormilada, como si me estuvieran dando una aspirina todas las mañanas para no sentir ningún tipo de dolor. Una mañana (la verdad fueron muchas) me hice las siguientes preguntas; ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Estoy en un callejón sin salida? ¿Para esto me quiero levantar todos los días de mi vida?

Fue en ese momento cuando comprendí el profundo significado de la siguiente frase: “Un barco está más seguro en el puerto, pero no es para eso que se construyen los barcos”.

Así fue como tomamos, junto con mi esposa María José, la decisión de montar empresa (En este momento ya tenemos 3 empresas andando y un embrión congelado en camino con dos extraordinarios socios).
Tomamos la decisión de salirnos de la autopista de 5 carriles y bien pavimentada, para tomar la carretera destapada. Entrar con los ojos bien abiertos a una nueva vida llena de incertidumbre. La vida, como la carretera destapada, tiene muchas adversidades, y lo primero que nos enseñó esta nueva ruta, es que hay que andar despacio. Al reducir la velocidad en nuestras vidas, podemos empezar a disfrutar cosas que una vida a mil no permite. Además, nos deja parar a disfrutar cada atardecer, detallar la sencillez de la naturaleza (pero a comprender a su vez su complejidad) y sobre todo a pensar…

Sin embargo, este camino tiene también muchos riesgos y podemos tener pinchazos inesperados al anochecer en lugares alejados, sin ayuda y sin luz, que hacen pasar noches en vela y con miedo, haciendo retrasar nuestros planes, pero poniendo a prueba nuestra creatividad para seguir adelante sin renunciar al plan inicial. Sin renunciar a los sueños. Al final siempre vuelve a salir el sol al amanecer para poder iniciar de nuevo y retomar el camino con más fuerza.

Este camino recorrido me ha llevado a sentir mucho miedo, incertidumbre y soledad. ¿Pero acaso no eran esos los sentimientos que quería sentir sin “la aspirina”? Me costó algo de tiempo entenderlo, pero cuando lo comprendí supe que, sin miedo, sin incertidumbre y sin soledad el ser humano deja de ser creativo, deja de ser resistente, deja de reinventarse cada día, deja de buscar el conocimiento. Vivir una vida “sin aspirina” nos permite valorar cada vez más todo lo que tenemos, nos permite encontrarnos a nosotros mismos y conocer nuestras debilidades, pero especialmente nuestras fortalezas.

Una tarde de Champions en mayo del 2019, llegué a la casa y mi hijo José María de 7 años estaba muy feliz, me recibió con euforia para contarme que “su” equipo Liverpool había logrado lo imposible, había remontado al Barcelona y se había metido en la final, y me dice; “¿Pero sabes que es lo más importante de esto papá?, que Salah y los del Liverpool nos enseñaron hoy, que uno en la vida jamás se debe rendir.”

Estar en soledad y con incertidumbre siempre nos genera mucha ansiedad. Para contrarrestar esto siempre debemos tener una gran dosis de planeación para tener un norte y una guía, pero la ejecución es aún más importante y eso se realiza en el presente. La mejor manera para enfrentar los momentos inciertos es viviendo el presente, disfrutando cada momento, cada experiencia. 

Si ejecutamos una acción del plan cada día, haremos que cada día cuente, y así lograremos llegar a las metas propuestas. 


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